jueves, 20 de diciembre de 2007

Un paraíso prohibido...




El tiempo, perfecto, casi siempre comete errores que pueden ser aprovechados por amantes desesperados. Ese es nuestro caso y esta nuestra noche... Después de tanta espera finalmente podemos disfrutar un tiempo robado a nuestras vidas, quitándole la máscara a nuestra pasión… Nos encontramos en un sitio de la ciudad, solos, esperando que suceda lo que existe en lo más profundo de nuestra piel y solo nosotros sabemos…

Distraemos las ganas con historias, fantasías que encienden las llamas de lo que sentimos y nos quema por dentro, un lugar oscuro, luz tenue, bola de cristal y luces, y música que incita los recuerdos pero también hace sensible los sentidos, el lugar perfecto para los besos que queremos dar y las caricias prohibidas que necesitamos sentir.. Rozándonos las ganas y negociando la tregua con nuestros deseos… deseos que humedecemos en alcohol, retrasando un momento que aunque la voluntad existiera no podemos seguir alejando.

Salimos de ahí como locos y entre risas decidimos que nuestro paraíso será el asiento trasero del carro… un lugar ideal para engañar los sueños de una noche larga de cama y aliviar los temores, un lugar donde se puede amar con el mismo delirio que una cama de agua cuando los deseos que nos invaden son suficientes para borrar las imágenes de nuestro entorno y convertir un estacionamiento, en un bosque inmenso de árboles milenarios…

Amor intenso, mi boca que da placer y acaricia con la fuerza acumulada por un deseo guardado, caricias que surgen desordenadamente buscando sentir el calor de nuestros cuerpos que se buscan con fuerza. Me siento sobre el… me mira con ojos vidriosos que quieren acortar la desesperante distancia, adivinar lo que pienso, penetrar los deseos de mi alma y hacerlos realidad, sus manos exploran cada centímetro de mi ser y juntos tratamos de inventarnos cada segundo para alargar el placer. Lo veo aquí, debajo de mi, desesperado por entregarme todo lo que esconde, explorándome… lo hago parte de mi, húmeda y entregada a sus manos que saben lo que quieren, estando arriba también es como estar fuera de mi, digo cosas que ni yo misma entiendo y solo escucho su voz y la vibración de su cuerpo haciéndome su amor… entonces lo recibo y me entrego, una y otra vez y me abarca el temor de dejar lo hasta ahora tuve, esos instantes cuyo placer me hicieron olvidar quien soy y me dieron un placer infinito.

Escuchamos voces que aunque cerca no pueden acallar nuestros latidos… nos damos cuenta de nuestro paraíso… y entonces nos escondemos tras las risas que nos otorga el placer de este viaje por nuestros cuerpos… en el asiento de atrás, queda guardada la posibilidad de robarnos otros minutos cuando el tiempo vuelva a descuidarse…

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Un deseo sin cumplir...


Se conocieron por las casualidades de la vida, pasaron juntos momentos cuyos minutos pueden ser contados… pero momentos intensos, donde el tiempo tuvo importancia solo cuando debían separarse…

Alimentaron sus deseos contándose sus fantasías, deseos que iban mas allá de la intensidad de un momento, historias escondidas tras las vidas de cada uno, espacios que no se pueden compartir, pasiones que subyacen mas allá de la memoria y de los sueños, conversaciones y juegos de niños, al final… sueños que no se hacen realidad.

Los deseos los acercan, el la seduce con la palabra y luego la aleja, quiere amarla donde no puedan ser alcanzados… se inventan cada centímetro de su piel, fabrican sueños de cama que no pueden compartir donde viven su vida, donde respiran, donde están, donde pueden tenerse, donde pueden tocarse...
El miedo a la caída puede mas que sus ganas, el no entiende que es un juego de amantes… en los juegos de amantes no caben las condiciones, no caben las dudas, solo las coincidencias y los deseos… el guarda los besos y las ganas en un celofán sin comprender que no se guardan las pasiones para un tiempo incierto que no se sabe si puede llegar… los juegos de amantes no conocen de limitaciones… los juegos de amantes son para el aquí y el ahora…

Mientras tanto, ella lo sueña en un día de lluvia, en una cama cálida llena de los besos que no puede darle, llena de la pasión que no puede entregar… solo las paredes pueden ver lo que está debajo de su piel, sola se inventa las caricias que su deseo reclama mientras ve su pasión desdibujarse en las gotas que golpean las ventanas de su alma, ahora quiere pensar que todo fue un sueño, que nada existió, le dice adiós al tiempo que nunca llegó, a las caricias que nunca sintió y a los besos que no se dieron.
… Ella quiere cubrir en su piel las huellas del deseo…

domingo, 2 de diciembre de 2007

Un vuelo de entrega...

Llegué al aeropuerto demasiado temprano para mi vuelo, la fila para chequear era larga. Saqué mi libro y hojeé unas cuantas páginas pero no podía concentrarme. Una voz suave y ronca llamó mi atención y levanté la mirada… entonces lo vi, 5 o 6 personas delante de mi, sin querer nos encontramos, atractivo y magnético a la vez. A medida que el tiempo pasaba, mi curiosidad por este hombre, sensual a la vista, crecía sin que tuviese voluntad de quitarle la mirada y lo mejor era que el, tampoco dejaba de verme… nos cruzamos un par de veces en el serpentín de la fila y sin explicación, sentía que mis pulsaciones se aceleraban con su cercanía.
El hizo su chequeo y yo el mío, luego lo perdí de vista por un tiempo. Cuando llamaron a abordar estaba casi dormida, y entonces lo recordé, lo busqué rápidamente y no lo vi. Entré en el avión, llegué a mi fila y cuando coloqué el equipaje en la sombrerera mis pulsaciones se aceleraron bruscamente cuando noté que el pasajero detrás de mi era el. Me desvistió con la mirada y yo me sentí tan vulnerable como si no tuviera una pieza de ropa encima… como iba a poder resistir tres horas de vuelo sabiendo que el respiraba tras de mi…

Trancaron la puerta del avión, y los dos puestos a mi lado quedaron vacíos. Tratando de distraer mi intranquilidad con las revistas a mi disposición, pero mi mente me traicionaba continuamente con unas ganas locas de voltear y saber que hacía o al menos preguntarle su nombre… Cerré mis ojos tratando de dormir, al fin y al cabo era el primer vuelo y había tenido que levantarme muy temprano… entonces oí su voz, tan cerca que me asusté, abrí los ojos y era él, cerca, preguntándome si podía sentarse en el asiento a mi lado. Como decirle que no? como negarme a la energía que me daba este hombre?. Asentí con una sonrisa, el se quitó su chaqueta marrón y se sentó a mi lado...

Me preguntó mi nombre, me dijo el suyo y me dio su mano, fuerte, suave, mi piel se erizó con su contacto, sentía que no podía ocultar mi rapor, sentía que estaba entregada a él sin que ni siquiera me lo hubiese pedido. Quería bajar el volumen de mis latidos y mi mente no respondía a mis órdenes.
Comenzamos a hablar, indagamos sobre nuestras vidas, una visita espiritual y mística. Era inteligente, divertido, huidizo… su respiración me acercaba al borde irreconocible de la pasión, me sentía atrevida, sensual, capaz de traspasar lo bordes de la cordura y acercarme sin límite a esa boca que con cada palabra me invitaba a probar. Me hablaba y yo solo podía ver su lengua lisa y suave… mis ojos lo invitaban a besarme.

No sé en que momento sucedió, sentí su mano suave acercando mi cabeza firmemente a la suya, entonces me besó, saboreé esa lengua que acababa de detallar y la sentía suave y divina. Lo hicimos por largo rato, nos conocimos profundamente a través de los besos, nos descubrimos el deseo, nos desnudamos la pasión… parecíamos unos desquiciados, todo a nuestro alrededor desapareció…
Sentí sus manos rozarme, lentamente, tocaba mi cuerpo por encima de mi ropa, mi cuerpo hablaba de coincidencias, indolente, entregada a su contacto. Mi mente descifraba sus caricias entre los espacios que dejaba su lengua, cuanto deseaba ser suya... que importa lo demás… el deseo te lleva a abismos donde quieres saltar, en la caída está el placer…
Empecé a tocarlo, le saqué su chemise del pantalón y toqué su espalda suave, caliente, deslicé mis manos por su pecho, abrí su pantalón, para ese entonces estábamos tapados con las cobijas… deslicé mi mano y lo toqué abajo, estábamos tan excitados que nuestras respiraciones se entrecruzaban y respiraba de su aire. Sus ojos eran como fuego de tanto deseo… mi boca insaciable le dio un placer infinito.
Me tocó toda, poco a poco engañó a mi ropa y me hizo vulnerable, sus manos me hicieron el amor, me acosaron, me regalaron un viaje de ida a vuelta al cielo, marcaron mi tiempo… la pasión me convirtió en amante de esta anarquía divina. Y el deseo… inmenso, estaba regado por doquier, los otros pasajeros podían tropezarlo… una entrega total e infinita, sin tiempo ni lugar… donde solo existiamos el y yo.

No sé cuanto duró y no importa, los bordes de la pasión no reconocen definiciones ni formas. Coleccionar respiraciones alteradas es el hobbie de los que descubren la vida a diario. Yo… le coqueteé a la vida, me dominó el caos de los deseos y los besos que anhelé. El… me hizo libre y me dio las alas que necesité. La vida por su parte, nos prometió otra oportunidad…

Una Canción...

Una Canción...
Sick of Love (Robert Ramírez)

Amor bajo el agua...

Me estaba bañando y entró sin darme cuenta…
Se desvistió y se metió en la ducha, me abrazó suavemente y se colocó bajo el chorro de agua, sin que esta pudiera calmar el ardor que lo impulsó a entrar… el no podía ocultarlo y yo no pude evitarlo.
Bajé lentamente, acariciándolo… el agua caía sobre todo mi cuerpo, y me quedé ahí, tan cerca, pegada a el, dándole placer con mi lengua, acariciándolo suavemente, despacio… sintiéndolo tan profundamente que no tenía voluntad de separarme… no sé cuanto tiempo estuve ahí, el me hablaba, gemía y su voz me hacía sentir que ese placer era lo mejor que podía sucederle…
Luego me levantó suavemente y fue el quien quiso retribuir el placer recibido, bajó poco a poco, recibiendo el agua que rebotaba en mi cuerpo en su lengua, mientras esta me rozaba excitándome en su descenso, lengua ágil que sabia donde ir, despacio, donde el éxtasis provocaba gemidos, donde el placer se sentía tan dentro como la urgencia del deseo…estaba de rodillas, debajo de mi, desesperado… lengua, dedos, caricias suaves y violentas a la vez, abandonándonos al placer, los cinco sentidos en un solo lugar…
Se levantó, me mordía la espalda, el cuello… me empujó contra la pared helada, estábamos empapados… agua y sexo, excitados, queriendo arrancarnos la piel…
Entonces agarró mis nalgas con fuerza y me atrajo hacia él… penetrando todos mis sentidos, entregada por completo a la violencia divina, se movía con la experiencia innegable del que lo da todo, bebió del agua de mis senos, mi cuerpo se contraía en señal de hambre, mis caderas lo buscaban con fuerza y sus palabras penetraban cada poro de mi cuerpo…
Quería oírme, quería tocarme toda, quería besarme… hacerme solo suya y yo le suplicaba por mas, quería sentir lo inexplicable dentro de mi, sentir que me perdía en su cuerpo… y entonces llegó, el único momento donde los cuerpos se funden en uno, donde escalas la cima del placer… intensamente, como si nunca nos hubiésemos amado…
El agua se secó en nuestros cuerpos calientes, exhaustos de placer y permanecimos uno al lado del otro, callados, tocándonos, besándonos… deseándonos como nunca…

Lupe Nuñez



Un sueño prestado...

El escribir me ha producido un gran placer, pero mayor aun, es saber que los que se conectan conmigo a través de lo que leen de mi, les gusta, se sintonizan fácilmente en esté vaivén de ideas que estimulan la imaginación y hasta les hace pensar en sus propias sensaciones, fantasías y deseos.

Alguien especial lo escribió, yo le presto mi espacio y el me presta su sueño…

“…Luego de terminar mi reunión de trabajo en Houston me dispuse ir a mi hotel. Esa noche, me metí al jacuzzi, y me recosté durante una hora. Luego me di una ducha tibia y me preparé para dormir, pues mi vuelo de regreso salía a las 12 del mediodía, dándome tiempo a hacer algunas cosas pendientes por la mañana antes de volver.
Me acosté y tendría unos quince o veinte minutos dormido cuando tocaron a la puerta. Me levanté y abrí asomando solo la cabeza, pues vestía solamente un bóxer. Vi a una chica hermosa que vestía un traje sastre pantalón. Lo primero que pensé es que era una ejecutiva del hotel, pero no supe que decir…
Abrió la puerta y entro como si nada.
Me dijo su nombre. Medía un metro sesenta aproximadamente, piel canela, senos grandes y perfectos, cintura breve y unas nalgas de calendario. Me llevo hasta la cama, me sentó en la orilla y comenzó a desnudarse lentamente. Me encontraba como hipnotizado. Una a una, las prendas fueron cayendo despacio, sin prisa…
Una fuerte erección luchaba por salir de mi bóxer. Comenzó a quitarse su ropa interior. Lencería de marca, que realzaba sus formas hasta la perfección. Ella se acercó a mí, me tomó de las manos e hizo que me pusiera de pie, se acostó en la cama con la cabeza hacia afuera y comenzó a estirarse como una gata en celo.
Pasaba sus manos por todo su cuerpo, dándose placer ella misma y a mis ojos. Se acercó y comenzó a besarme de una forma que me hizo dudar que esto no fuera un sueño. Lentamente se puso sobre mí, poniendo sus piernas alrededor de mi cara, me perdí entre ellas ¡Un 69 perfecto! En esa postura, sus caderas se abrieron ante mí en un espectáculo digno de fotografía.
No podía ni parpadear. Me desvestí rápidamente y me acerqué a sus nalgas. Las apreté entre mis manos y suavemente me acerqué, para entonces, me moría por entrar en ella. Para mi era como un sueño.
Me encontraba de pie al lado de la cama. Ella a gatas… yo acariciaba la línea de las nalgas lentamente. Arriba y abajo, una y otra vez. Era como fuego para mí. Los gemidos hacían que no existiera otro sonido en el mundo. Sin poder contenerme, toqué con la punta sus labios y la comencé a penetrar lentamente iniciando un movimiento lento. ¡Ahora si me encontraba en el cielo!
Estuvimos así unos dos o tres minutos. Me movía lentamente para que esto no terminara nunca y alargar el momento hasta la eternidad. Me salí y le pedí que se diera la vuelta totalmente, sus piernas afuera de la cama y su ser listo para ser invadido, sediento de más sexo.
La penetré de nuevo y me mantuve dentro de ella unos segundos, con el mismo ritmo anterior. Lento, muy lento. No quería que terminara nunca. Me salí y de nuevo la invadí, unos segundos en un movimiento de ida y vuelta que me daba el mayor placer jamás experimentado. ¡Sentía que iba a estallar de placer!
Ella con una voz como ronroneando me ordenó que no terminara y haciéndome hacia atrás, se puso de pie, puso sus manos sobre mis hombros y me sentó en la orilla de la cama. Se sentó en el suelo y puso sus manos en mis rodillas, acercó su boca… ¡Mi corazón aceleró su ritmo al doble!
Estaba totalmente en su boca. Arriba y abajo, lentamente. Su lengua me daba un placer infinito… Me estaba volviendo loco. Cerré mis ojos y apreté mis dientes tratando de detener el orgasmo que sentía venir, cuando de repente detuvo su movimiento y unos segundos después una boca nueva se hizo cargo de mí. Eso fue demasiado. Ella sintió que mi orgasmo era inminente, y se entregó a cumplir el mayor de mis deseos… Sentía mis ojos salir de sus órbitas. El placer era indescriptible. Un largo gemido salió de mis pulmones como punto final a tanto placer.
Me dejé caer sobre mi espalda y me subí hasta la parte alta de la cama. Ella me tapó con las mantas y me dio un largo beso. Se vistió lentamente y salió de la habitación sin hacer ruido.
Dormí hasta las 10:00 de la mañana, dos horas antes de mi vuelo de regreso! Llegué a tiempo al aeropuerto a pesar del apuro. Durante el vuelo me dormí de nuevo, con una sonrisa de satisfacción por un buen negocio y el mejor e inesperado final..."