
El tiempo, perfecto, casi siempre comete errores que pueden ser aprovechados por amantes desesperados. Ese es nuestro caso y esta nuestra noche... Después de tanta espera finalmente podemos disfrutar un tiempo robado a nuestras vidas, quitándole la máscara a nuestra pasión… Nos encontramos en un sitio de la ciudad, solos, esperando que suceda lo que existe en lo más profundo de nuestra piel y solo nosotros sabemos…
Distraemos las ganas con historias, fantasías que encienden las llamas de lo que sentimos y nos quema por dentro, un lugar oscuro, luz tenue, bola de cristal y luces, y música que incita los recuerdos pero también hace sensible los sentidos, el lugar perfecto para los besos que queremos dar y las caricias prohibidas que necesitamos sentir.. Rozándonos las ganas y negociando la tregua con nuestros deseos… deseos que humedecemos en alcohol, retrasando un momento que aunque la voluntad existiera no podemos seguir alejando.
Salimos de ahí como locos y entre risas decidimos que nuestro paraíso será el asiento trasero del carro… un lugar ideal para engañar los sueños de una noche larga de cama y aliviar los temores, un lugar donde se puede amar con el mismo delirio que una cama de agua cuando los deseos que nos invaden son suficientes para borrar las imágenes de nuestro entorno y convertir un estacionamiento, en un bosque inmenso de árboles milenarios…
Amor intenso, mi boca que da placer y acaricia con la fuerza acumulada por un deseo guardado, caricias que surgen desordenadamente buscando sentir el calor de nuestros cuerpos que se buscan con fuerza. Me siento sobre el… me mira con ojos vidriosos que quieren acortar la desesperante distancia, adivinar lo que pienso, penetrar los deseos de mi alma y hacerlos realidad, sus manos exploran cada centímetro de mi ser y juntos tratamos de inventarnos cada segundo para alargar el placer. Lo veo aquí, debajo de mi, desesperado por entregarme todo lo que esconde, explorándome… lo hago parte de mi, húmeda y entregada a sus manos que saben lo que quieren, estando arriba también es como estar fuera de mi, digo cosas que ni yo misma entiendo y solo escucho su voz y la vibración de su cuerpo haciéndome su amor… entonces lo recibo y me entrego, una y otra vez y me abarca el temor de dejar lo hasta ahora tuve, esos instantes cuyo placer me hicieron olvidar quien soy y me dieron un placer infinito.
Escuchamos voces que aunque cerca no pueden acallar nuestros latidos… nos damos cuenta de nuestro paraíso… y entonces nos escondemos tras las risas que nos otorga el placer de este viaje por nuestros cuerpos… en el asiento de atrás, queda guardada la posibilidad de robarnos otros minutos cuando el tiempo vuelva a descuidarse…
Distraemos las ganas con historias, fantasías que encienden las llamas de lo que sentimos y nos quema por dentro, un lugar oscuro, luz tenue, bola de cristal y luces, y música que incita los recuerdos pero también hace sensible los sentidos, el lugar perfecto para los besos que queremos dar y las caricias prohibidas que necesitamos sentir.. Rozándonos las ganas y negociando la tregua con nuestros deseos… deseos que humedecemos en alcohol, retrasando un momento que aunque la voluntad existiera no podemos seguir alejando.
Salimos de ahí como locos y entre risas decidimos que nuestro paraíso será el asiento trasero del carro… un lugar ideal para engañar los sueños de una noche larga de cama y aliviar los temores, un lugar donde se puede amar con el mismo delirio que una cama de agua cuando los deseos que nos invaden son suficientes para borrar las imágenes de nuestro entorno y convertir un estacionamiento, en un bosque inmenso de árboles milenarios…
Amor intenso, mi boca que da placer y acaricia con la fuerza acumulada por un deseo guardado, caricias que surgen desordenadamente buscando sentir el calor de nuestros cuerpos que se buscan con fuerza. Me siento sobre el… me mira con ojos vidriosos que quieren acortar la desesperante distancia, adivinar lo que pienso, penetrar los deseos de mi alma y hacerlos realidad, sus manos exploran cada centímetro de mi ser y juntos tratamos de inventarnos cada segundo para alargar el placer. Lo veo aquí, debajo de mi, desesperado por entregarme todo lo que esconde, explorándome… lo hago parte de mi, húmeda y entregada a sus manos que saben lo que quieren, estando arriba también es como estar fuera de mi, digo cosas que ni yo misma entiendo y solo escucho su voz y la vibración de su cuerpo haciéndome su amor… entonces lo recibo y me entrego, una y otra vez y me abarca el temor de dejar lo hasta ahora tuve, esos instantes cuyo placer me hicieron olvidar quien soy y me dieron un placer infinito.
Escuchamos voces que aunque cerca no pueden acallar nuestros latidos… nos damos cuenta de nuestro paraíso… y entonces nos escondemos tras las risas que nos otorga el placer de este viaje por nuestros cuerpos… en el asiento de atrás, queda guardada la posibilidad de robarnos otros minutos cuando el tiempo vuelva a descuidarse…

