
Entre las sombras de los recuerdos, siento un abandono lejano. Durante muchos años me asome en la ventana del infinito y quise ver como hubiese sido la vida que no tuve contigo. Un viaje largo de vacaciones o un paseo por un pueblo de calles empedradas. Tal vez lo sencillo, como comprar frutas o cenar juntos. Pero no supe, nunca te encontré.
Ahora apareces, vienes a mi y siento que me amas, que no pasaron los años, que fui yo la que se fue o quien no supo abrir esa ventana.
Eres capaz de atravesar tiempo y espacio y hacerme sentir que siempre estuviste conmigo.
Te extraño. Me hacen falta los besos que nunca me diste. Y las caricias que nunca sentí. Siento tu fuerza al hacerme el amor, como si fuésemos dos locos que nunca se amaron. Y es que nunca lo hicimos, no así, no como ahora. Como este ahora que no es hoy, que lo será algún día tal vez.
Quiero amarte, sentir tu cuerpo desnudo junto al mío y saber que siento, conocer tus intenciones a través de mi deseo y sentir que me tocaras, como eres capaz de tocarme cada noche, en este tiempo que no existe y que cada día convierte las horas por venir, en una quimera inalcanzable. Estoy aquí, esperándote, cuando planees llegar, si es que acaso alguna vez has pensado llegar hasta mi, avísame sin tiempo, que no me moveré de este sitio en donde te he estado esperando toda la vida.