miércoles, 21 de noviembre de 2007

Amores...

Existen amores que viven tras cortinas, escondidos en el humo de la cotidianidad, probando nuevas maneras de experimentar emociones, pasiones, algo que existe pero que no saben que es, ni siquiera saben que está ahí…
Amores que viven en un penthouse virtual, lleno de espejos y una cama suave, que hacen el amor al borde del balcón y andan en un paso constante del puente entre la locura y la cordura… amores de esos que esperan y desvelan…
Son amores intensos, que llenan espacios vacíos, que producen esperanzas, de esos que dan cosquillas cuando llegan y angustias cuando se van…


Amores tardíos que escriben historias pero arrancan las páginas, que dejan huellas en el corazón pero no en la conciencia, que viven pero no sobreviven y donde la palabra “siempre” tal vez no existe…

Son amores de la calle, de los que no se encuentran sino que se tropiezan, que visitan pero no se quedan, invitan pero no pagan y se trasnochan pero no amanecen… amores de esos que dan libertad…
Amores irracionales donde prevalece el deseo y las ganas de amar, de tener experiencias desconocidas, de cumplir promesas… son esos amores que confunden y apagan la luz para huir de las verdades…

Son amores cálidos, suaves, intensos, de piel y sentidos, de coincidencias buscadas… en fin, son esos amores que nacen y terminan en el deseo…

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Una Canción...

Una Canción...
Sick of Love (Robert Ramírez)

Amor bajo el agua...

Me estaba bañando y entró sin darme cuenta…
Se desvistió y se metió en la ducha, me abrazó suavemente y se colocó bajo el chorro de agua, sin que esta pudiera calmar el ardor que lo impulsó a entrar… el no podía ocultarlo y yo no pude evitarlo.
Bajé lentamente, acariciándolo… el agua caía sobre todo mi cuerpo, y me quedé ahí, tan cerca, pegada a el, dándole placer con mi lengua, acariciándolo suavemente, despacio… sintiéndolo tan profundamente que no tenía voluntad de separarme… no sé cuanto tiempo estuve ahí, el me hablaba, gemía y su voz me hacía sentir que ese placer era lo mejor que podía sucederle…
Luego me levantó suavemente y fue el quien quiso retribuir el placer recibido, bajó poco a poco, recibiendo el agua que rebotaba en mi cuerpo en su lengua, mientras esta me rozaba excitándome en su descenso, lengua ágil que sabia donde ir, despacio, donde el éxtasis provocaba gemidos, donde el placer se sentía tan dentro como la urgencia del deseo…estaba de rodillas, debajo de mi, desesperado… lengua, dedos, caricias suaves y violentas a la vez, abandonándonos al placer, los cinco sentidos en un solo lugar…
Se levantó, me mordía la espalda, el cuello… me empujó contra la pared helada, estábamos empapados… agua y sexo, excitados, queriendo arrancarnos la piel…
Entonces agarró mis nalgas con fuerza y me atrajo hacia él… penetrando todos mis sentidos, entregada por completo a la violencia divina, se movía con la experiencia innegable del que lo da todo, bebió del agua de mis senos, mi cuerpo se contraía en señal de hambre, mis caderas lo buscaban con fuerza y sus palabras penetraban cada poro de mi cuerpo…
Quería oírme, quería tocarme toda, quería besarme… hacerme solo suya y yo le suplicaba por mas, quería sentir lo inexplicable dentro de mi, sentir que me perdía en su cuerpo… y entonces llegó, el único momento donde los cuerpos se funden en uno, donde escalas la cima del placer… intensamente, como si nunca nos hubiésemos amado…
El agua se secó en nuestros cuerpos calientes, exhaustos de placer y permanecimos uno al lado del otro, callados, tocándonos, besándonos… deseándonos como nunca…

Lupe Nuñez



Un sueño prestado...

El escribir me ha producido un gran placer, pero mayor aun, es saber que los que se conectan conmigo a través de lo que leen de mi, les gusta, se sintonizan fácilmente en esté vaivén de ideas que estimulan la imaginación y hasta les hace pensar en sus propias sensaciones, fantasías y deseos.

Alguien especial lo escribió, yo le presto mi espacio y el me presta su sueño…

“…Luego de terminar mi reunión de trabajo en Houston me dispuse ir a mi hotel. Esa noche, me metí al jacuzzi, y me recosté durante una hora. Luego me di una ducha tibia y me preparé para dormir, pues mi vuelo de regreso salía a las 12 del mediodía, dándome tiempo a hacer algunas cosas pendientes por la mañana antes de volver.
Me acosté y tendría unos quince o veinte minutos dormido cuando tocaron a la puerta. Me levanté y abrí asomando solo la cabeza, pues vestía solamente un bóxer. Vi a una chica hermosa que vestía un traje sastre pantalón. Lo primero que pensé es que era una ejecutiva del hotel, pero no supe que decir…
Abrió la puerta y entro como si nada.
Me dijo su nombre. Medía un metro sesenta aproximadamente, piel canela, senos grandes y perfectos, cintura breve y unas nalgas de calendario. Me llevo hasta la cama, me sentó en la orilla y comenzó a desnudarse lentamente. Me encontraba como hipnotizado. Una a una, las prendas fueron cayendo despacio, sin prisa…
Una fuerte erección luchaba por salir de mi bóxer. Comenzó a quitarse su ropa interior. Lencería de marca, que realzaba sus formas hasta la perfección. Ella se acercó a mí, me tomó de las manos e hizo que me pusiera de pie, se acostó en la cama con la cabeza hacia afuera y comenzó a estirarse como una gata en celo.
Pasaba sus manos por todo su cuerpo, dándose placer ella misma y a mis ojos. Se acercó y comenzó a besarme de una forma que me hizo dudar que esto no fuera un sueño. Lentamente se puso sobre mí, poniendo sus piernas alrededor de mi cara, me perdí entre ellas ¡Un 69 perfecto! En esa postura, sus caderas se abrieron ante mí en un espectáculo digno de fotografía.
No podía ni parpadear. Me desvestí rápidamente y me acerqué a sus nalgas. Las apreté entre mis manos y suavemente me acerqué, para entonces, me moría por entrar en ella. Para mi era como un sueño.
Me encontraba de pie al lado de la cama. Ella a gatas… yo acariciaba la línea de las nalgas lentamente. Arriba y abajo, una y otra vez. Era como fuego para mí. Los gemidos hacían que no existiera otro sonido en el mundo. Sin poder contenerme, toqué con la punta sus labios y la comencé a penetrar lentamente iniciando un movimiento lento. ¡Ahora si me encontraba en el cielo!
Estuvimos así unos dos o tres minutos. Me movía lentamente para que esto no terminara nunca y alargar el momento hasta la eternidad. Me salí y le pedí que se diera la vuelta totalmente, sus piernas afuera de la cama y su ser listo para ser invadido, sediento de más sexo.
La penetré de nuevo y me mantuve dentro de ella unos segundos, con el mismo ritmo anterior. Lento, muy lento. No quería que terminara nunca. Me salí y de nuevo la invadí, unos segundos en un movimiento de ida y vuelta que me daba el mayor placer jamás experimentado. ¡Sentía que iba a estallar de placer!
Ella con una voz como ronroneando me ordenó que no terminara y haciéndome hacia atrás, se puso de pie, puso sus manos sobre mis hombros y me sentó en la orilla de la cama. Se sentó en el suelo y puso sus manos en mis rodillas, acercó su boca… ¡Mi corazón aceleró su ritmo al doble!
Estaba totalmente en su boca. Arriba y abajo, lentamente. Su lengua me daba un placer infinito… Me estaba volviendo loco. Cerré mis ojos y apreté mis dientes tratando de detener el orgasmo que sentía venir, cuando de repente detuvo su movimiento y unos segundos después una boca nueva se hizo cargo de mí. Eso fue demasiado. Ella sintió que mi orgasmo era inminente, y se entregó a cumplir el mayor de mis deseos… Sentía mis ojos salir de sus órbitas. El placer era indescriptible. Un largo gemido salió de mis pulmones como punto final a tanto placer.
Me dejé caer sobre mi espalda y me subí hasta la parte alta de la cama. Ella me tapó con las mantas y me dio un largo beso. Se vistió lentamente y salió de la habitación sin hacer ruido.
Dormí hasta las 10:00 de la mañana, dos horas antes de mi vuelo de regreso! Llegué a tiempo al aeropuerto a pesar del apuro. Durante el vuelo me dormí de nuevo, con una sonrisa de satisfacción por un buen negocio y el mejor e inesperado final..."